Sin duda era una yegua valiente.
Era dura, a veces incluso arisca, “no en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata” (El Perro Cojo). Su cuerpo albergaba varias secuelas del maltrato. Sus ojos eran grises, porque apenas podía ver. Sus reacciones, a veces, podían ser violentas.
Nunca la hemos juzgado. De hecho, ni siquiera podíamos ponernos en su lugar. Cuando la rescatamos, estaba embarazada de una potrilla. Valerosa era una de esas yeguas que los tratantes usan para criar o, dicho de otra manera, para que estén toda su vida pariendo.
Algunos de ellos son tan crueles que ni tan siquiera les ofrecen una buena calidad de vida mientras están embarazadas… al fin y al cabo, y como tantas veces nos han dicho: “Sólo se trata de `productos´ y, si mueren por el camino, tenemos muchos más”. Y así la rescatamos, desnutrida y delgada hasta el extremo, a pesar de estar embarazada, cosa que no podía nadie imaginar hasta que el veterinario nos dio la noticia al hacerle el primer chequeo.
En el Santuario nos queda la alegría de que durante los últimos 15 años de su vida, que los pasó aquí, pudo convencerse de que esa realidad de su vida anterior no era la única, pudo dejar de sentirse una máquina, pudo notar la auténtica vida en su piel, jugando y corriendo con sus compañeros, dejándose mimar y acariciar por todos nosotros, que la adorábamos, y siendo quien era: No una hembra reproductora, no; sino Valerosa, nuestra magnífica amiga, alegre, cariñosa, fuerte y desafiante, una yegua espléndida que arrebató nuestro corazón y de la que estamos y estaremos siempre infinitamente orgullosos.
Todos los Caballos del Mundo lleva años luchando para que se deje de considerar “producto” a un animal que nos ha acompañado durante toda nuestra vida y toda nuestra Historia, que nos ha ayudado a evolucionar como sociedad y que puede convertirse, si se lo permites, en tu mejor amigo.