Era una de las yeguas más bonitas de la Protectora.
Hubo un tiempo en que todo el mundo quería llevársela, pero casi todos la querían para “lucirla” y montarla sin parar.
Nosotras siempre hemos buscado buenas familias para nuestros caballos, personas que quisieran dar la bienvenida a un miembro más en la familia, pero nunca le ofrecieron un hogar digno donde ser feliz. Todo lo que tenía de grande y de bonita lo tenía de generoso su corazón.
Rondalla no era solo una yegua, era parte de nuestra familia. Una vida noble, dulce y llena de luz que tuvo la suerte de conocer el amor, el respeto y la tranquilidad que siempre mereció.
Gracias por todo lo que nos diste, preciosa.
Corre libre.
Nunca te olvidaremos y siempre te querremos, Rondalla.